Por: Julio Sanchez Pasos Irreverente Noticias.
Cuando el poder de Durazo le teme a un hombre de 70 años
En el Sonora de la «transformación», parece que la piel de los funcionarios es más delgada que el papel en el que se imprimen sus boletines oficiales. El caso de Cayetano Lucero no es solo un atropello administrativo; es un síntoma de una miopía política alarmante. Impedir el acceso a las conferencias del gobernador Alfonso Durazo a un periodista con más de 40 años de trayectoria es, por decir lo menos, un acto de cobardía institucional.
Resulta irónico que un gobierno que se jacta de venir de la lucha democrática le cierre las puertas a un hombre que, desde finales de los 80, ya desnudaba los fraudes electorales de Rodolfo Félix Valdés y desafiaba el férreo control de Manlio Fabio Beltrones. Cayetano no es un improvisado; es un Ingeniero Agrónomo convertido en la conciencia incómoda del poder. Sus cuestionamientos sobre la contaminación del Río Sonora por Grupo México no nacen del rumor, sino del rigor técnico.
El pasado 21 de abril, ante el cuestionamiento de Irreverente Noticias, el Gobernador Durazo mostró una sorpresa que pareció sincera. «Qué barbaridad… me siento sumamente honrado con la presencia de cada uno de ustedes», alcanzó a decir titubeante. Sin embargo, detrás de la cortesía del mandatario, el nerviosismo de su equipo de comunicación era evidente. Mientras el Gobernador intentaba salir al paso, sus colaboradores se apresuraban a fabricar «argumentos técnicos» para justificar lo injustificable: el bloqueo a un decano del periodismo.
Bajo el mando de la secretaria Paloma Terán, la gestión de la prensa ha involucionado hacia el trato torpe y la amenaza velada. No solo es la falta de tacto; son las llamadas de «cortesía» que, en realidad, esconden amagos de restricciones presupuestales para dictar línea editorial. Es el regreso de las peores prácticas: el intento de asfixiar financieramente a los medios para silenciar la crítica. Ante esto, el gremio se pregunta si en Sonora se ha desempolvado la vieja y cínica máxima priista: «No te pago para que me pegues».
Es trágico que, a sus 76 años y librando una batalla personal contra el cáncer de pulmón, Lucero tenga que lidiar también con la metástasis del autoritarismo local. Si la administración estatal aspira realmente a construir ese «segundo piso» de la transformación, no puede hacerlo sobre los escombros de la libertad de expresión.
Vigilia Sonora y Cayetano Lucero son hoy el botón de muestra de una ciudadanía que espera transparencia, no porteros. El periodismo libre no necesita permisos técnicos, necesita un gobierno que aguante la mirada de la verdad.
