Por: Julio Sanchez Pasos.
Río Rico, AZ. – Es oficial: Arizona ha dejado de ser un estado de la Unión Americana para convertirse en el apéndice más productivo de Sonora. Con más de 210 mil sonorenses inyectando alrededor de 70.4 millones de dólares mensuales en remesas, Arizona es, técnicamente, el estado con más sonorenses después de Sonora. Sin embargo, para el Gobierno del Estado, esta comunidad es como el Wi-Fi del Palacio: todos saben que está ahí, todos lo usan, pero nadie quiere hacerse responsable cuando falla.
Desde la pulcra comodidad de su burbuja en el Palacio de Gobierno, el gobernador Alfonso Durazo ofreció esta semana una cátedra de geografía creativa ante los cuestionamientos de Irreverente Noticias. Al ser consultado sobre la urgencia de una diputación migrante que legisle por quienes sostienen la economía estatal desde el otro lado, el mandatario aplicó la de «yo tengo otros datos».
Según la visión durazista, el sonorense en Arizona vive en un eterno comercial de turismo: cruzan la frontera como quien va al Oxxo, trabajan, saludan al de la garita y regresan el fin de semana para la carne asada. «Hay sonorenses en muchos otros estados», soltó con la ligereza de quien no tiene que hacer ocho horas de fila en la línea para que un agente de migración le revise hasta el alma.
Lo que la administración actual parece no percibir —quizás por el polarizado de las Suburban oficiales— es la realidad de miles que no viven ese «sueño fronterizo» de ida y vuelta. Hay un pequeño detalle llamado «estatus migratorio» y otro llamado «realidad nacional». Miles de sonorenses no regresan no porque no quieran, sino porque el miedo a las políticas de la era Trump es nada comparado con el miedo a los retenes del SEVCEC, la FGR, la SSP y las policías municipales que, en una labor coordinada de «bienvenida», parecen disputarse quién esculca mejor al paisano.
Y mientras el Congreso local se hace de la vista gorda para no legislar a favor de esta «diáspora de cajero automático», la flamante Oficina de Representación de Sonora en Arizona sigue justificando su existencia. Bajo el mando del «Cónsul Imaginario» Gerardo Valenzuela, la oficina ha revolucionado la diplomacia: ahora instan a los paisanos a pagar sus trámites en el Oxxo más cercano. ¡Qué modernidad! No importa que no puedas ver a tu familia en 10 años, lo importante es que el pago de tu acta de nacimiento entre a tiempo a las arcas estatales.
Valenzuela, cuya agenda parece más de socialité que de gestor público, ha encontrado en Paulina Ocaña, la elegante Secretaria del Ejecutivo, a su mejor escudera. Ambos han sido vistos en cuanto evento frívolo se organice en Arizona, representando dignamente la capacidad del gobierno sonorense para comer canapés mientras los ciudadanos reales lidian con la inseguridad de las carreteras y la falta de representación política.
En conclusión, para el Gobierno de Sonora, los sonorenses en Arizona son ciudadanos de primera cuando envían sus dólares, pero de tercera cuando piden un espacio en el Congreso. Por ahora, que sigan enviando remesas y pagando en el Oxxo; ya si eso de legislar les urge, que esperen sentados… o mejor, que esperen en la fila de la frontera.
